TEXTOS

EXCERPT OF TEXTS

 

Every Cheek is any Cheek

 

Julio Cortazar said that when they give you a watch as a present, they give you also the obligation to tie it to your wrist and take it around, the need to wind up, to comare it with the other watches... and one becomes the gifted; in the birthday gift for the clock. There isn’t exaggerated to think of a more modern analogy with respect to mobile phones: when a smartphone falls into our hands, we also receive the need for to consult it at all times, to charge its battery, to download the latest applications. Furthermore, with the incorporation

of photo and video cameras, and the immediate access to the Internet, suddenly we become creators of a visual and audiovisual content that will feed

the ever-hungy social networks.

 

Adquiring a smartphone, one becomes a photographer, discjockey, videoartist, journalist and exhibitor of daily life. We became the gift for the phone and our intimacy in a matter of public concern. Recently, in the context of Web 2.0, it’s particularly striking the case of capturing and instant sharing of the most diverse gastronomic delights; a phenomenon that the artist Juan Carlos Rosa Casasola (Benidorm, 1988) takes as its central motif of his exhibition Lo importante es con quién compartes el plato, no de qué está lleno (Important thing is with who you share the dish, not with what is full). To understand the choice of this aphorism just take a look any Sunday to our social networks profiles, and check the overwhelming number of images of paella, barbecues, desserts, cocktails and other meats that users decide to share. [...] However, we have obviated to photography the persons with whom we share these moments of pleasure. Juan Carlos Rosa Casasola reminds this us through a series of paintings in which he analyzed - from an ironic and deprived of any optimism - a paradigm shift in personal and social interaction linked to the triumph of banality. In other words, he shows us how the spectaculazitation of intimacy seems made us forget what’s importat: the real and passionate living of every moment, hoarding own memories and the importance of persons with whom we live them. [...]

 

Manuel Garrido, Art Critic and Curator

 

Eat, Eat Damned

 

[...] We can all understand what is involved meet to eat, either in family or in society or in a purely formal act. Perhaps the really interesting thing of this plastic phenomenom lies in how each one of the artists represents this reality and how the flight of time modifies customs, habits and aesthetics. In my opinion, the nourishment, the food, banquets and celebrations also carry a hint of bitterness, unable to detach from the basic elements of food, the fact of everything is perishable, everything will disappears and behind of the aesthetic beauty, the pleasure of the taste that envelopes each foodstuff, is hidden the rot and death, moreover inseparable of the human condition. 

 

It’s for this reason that Juan Carlos Rosa Casasola is seduced mainly by the idea of event that increases socializing the group, more than really it’s consumed. It’s undisputed that the company is usually more nutritious than the nousihment itself, but in his paintings is also possible to savor the joy of meeting and the melancholy of say goodbye, the sadness of loneliness faced with an insolent dish that looks at us, the group that bring us together as a shapeless mass at a celebration that may be an excuse... a thousand ways, a thousand interpretations as a thousand digestions may have the works of this artist, who seems to with his paintings of this series, threaten us to never go hungry. [...]

 

Javier Velasco, Artist

 

EXTRACTOS DE TEXTOS

 

Cualquier carrillada es todas las carrilladas

 

Decía Julio Cortázar que cuando a uno le regalan un reloj le regalan
también la obligación de atarlo a su muñeca y pasearlo consigo, la
necesidad de darle cuerda, de compararlo con los otros relojes... y que uno se convierte en el regalado; en el regalo para el cumpleaños del reloj 1. No resulta exagerado pensar en una analogía más actual con respecto a los teléfonos móviles: cuando un smartphone cae en nuestras manos, recibimos también la necesidad de consultarlo a todas horas, de cargar su batería, de descargar las últimas aplicaciones. Además, con la incorporación de las cámaras de fotografía y vídeo y el acceso inmediato a Internet, nos convertimos súbitamente en creadores de un contenido visual y audiovisual que alimentará a las siempre hambrientas redes sociales. Adquiriendo un smartphone, uno deviene en fotógrafo, discjockey, videasta, periodista y exhibidor de la propia cotidianidad. Nos convertimos en el regalo para el teléfono y nuestra intimidad en un asunto de dominio público.


Últimamente, en el contexto de la Web 2.0, resulta especialmente
llamativo el caso de la captura y compartición instantánea de las más variopintas delicias gastronómicas; un fenómeno que el artista alicantino Juan Carlos Rosa Casasola (Benidorm, 1988) toma como motivo central de su exposición Lo importante es con quién compartes el plato, no de qué está lleno. Para comprender la elección de este aforismo bastará con echar un vistazo un domingo cualquiera a nuestros perfiles en redes sociales y comprobar la apabullante cantidad de imágenes de paellas, barbacoas, postres, cócteles y demás viandas que los usuarios deciden
compartir. [...]

 

Comed, Comed malditos

 

[...]Todos podemos entender lo que implica reunirse para comer, ya sea en familia o en sociedad o en un acto puramente protocolario. Quizás lo realmente interesante de este fenómeno plástico radique en cómo cada uno de los artistas representa esta realidad y cómo el paso del tiempo modifica las costumbres, los hábitos y las estéticas. A mi parecer el alimento, la comida, los banquetes y celebraciones conllevan también un punto amargo, al no poder desligar de los elementos básicos de la comida el hecho de que todo es perecedero, todo desaparecerá y detrás de la belleza estética, del placer del gusto que envuelve cada alimento se esconde la podredumbre y la muerte, indisoluble por otra parte a la condición humana.
 

Será por esto por lo que a Juan Carlos Casasola le seduce principalmente la idea de evento que hace socializar al grupo más que lo que realmente se consume. Indiscutible que la compañía suele ser más nutritiva que lo propiamente alimenticio, pero en sus cuadros también se dejan paladear la alegría del encuentro y la melancolía de la despedida, la tristeza de la soledad ante un plato insolente que nos mira, el grupo que nos aglutina como una masa informe ante una celebración que posiblemente sea una excusa… mil formas, mil interpretaciones como miles de digestiones pueden tener las obras de este artista que pareciera que con sus cuadros de esta
serie nos conminara a no pasar nunca hambre. [...]

 

Javier Velasco. Artista

Cada vez es más complicado encontrar el momento de juntarse a comer
con los relativos, disfrutar de una conversación e incluso buscar en la
agenda un hueco para fijar la fechas de un evento de esta índole. La
comida rápida y el frenético ritmo de vida agravan la situación, parece
que nos alejamos de lo natural. El humano es un Ser Social por naturaleza,
pero el individualismo gana terreno en esta sociedad postmoderna. Mas
no podemos olvidar que la comida es un factor cultural ya que no deja de
ser un acto social que reune a las personas en una misma mesa.


Pero tras reflexionar acerca de la relación entre sociedad y gastronomía,
si salimos a tomarnos un café en cualquier terraza, encontramos miles
de parejas, de amigos, de familias, en las que uno o más de ellos está
absorto en la pantalla. En muchos casos encontramos que ambos
comensales comparten un café y mantienen conversaciones por el
smartphone, cara a cara, aún sin compartir palabra, han quedado para
compartir un café en una soledad compartida.


Es habitual en estos últimos años vivir con la costumbre de fotografiar
y compartir aquello que nos gusta en las redes sociales. Esta costumbre
se ha convertido en un fenómeno social, y gracias a aplicaciones como
Instagram todos nos convertimos en fotógrafos y modelos. De esta
fuente provienen las imágenes que tomo como referencia: las fotografías
que mis contactos comparten en sus redes sociales. Un archivo de
referentes que aumenta día a día, a un ritmo vertiginoso. Tanto en
Twitter como en Facebook no es dificil encontrar fotografías de
mesas llenas de platos, vacíos o llenos, en los que en muy pocos casos
aparecen los comensales. Si analizamos esta serie de imágenes, los

protagonistas de esta serie de retratos se enfrentan al protagonismo

del bodegón, dos géneros enfrentados de una manera más directa que
como nos relata Javier Velasco en su texto COMED, COMED, MALDITOS.

 

No podemos entender esta serie de pinturas y su concepto sin tener
en cuenta la telefonía móvil y sus aplicaciones, y es que se produce un
viaje de ida y vuelta a la imagen primigenia en el momento en el que el
espectador fotografíe la obra, y en el mejor de los casos, la comparta en
redes sociales.


— Mamá, ¿puedo empezar a comer?
— ¿Ya le tomaste foto y la subiste a Instagram?
— Sí.
— OK, adelante.

Anónimo vía Twitter


Además de este cúmulo de sentimientos y aspectos que interfieren a
las relaciones personales, el tema ha sido generado por la relación que
mantengo con círculos relacionados con la Nutrición y la Dietética.

 

Contando calorías y pesando los alimentos, se nos olvida que no
necesitamos demasiado para gozar de un agradable momento con
la mejor compañía. De ahí que los platos representados son básicos,
muestran una dieta variada y equilibrada. Tanto la globalización como
el mestizaje están presentes en la cultura contemporánea se muestra
igualmente en nuestras mesas. Además, el siglo XXI está caracterizado
por la obesidad infantil y los libros de dietas milagro que llenan las
estanterías.